en un frasquito etiquetado con humildad.
¡Gracias por tapar mis penas y magnificar mis alegrías!
Gracias a tí Eli, por regalarme a diario... ese silencio que precede a tu mirada.
Raúl y Elisabeth forman una hermosa y humilde pareja; fue nuestra boda de mañana del pasado día 9 de abril. Un apasionante 9 de abril que permitió a este humilde fotógrafo disfrutar doblemente de esta bendita profesión llamada “fotografía” ya que por la tarde casábamos a otra hermosa pareja; la igual de bella, y de nombre, Elisabeth y el no menos apuesto Jesús… pero de esta boda os daré debida información en breve.
Cerquita del Parque Amate se vistió la novia; el último piso de una altísima torre. Que maravillosa vista tiene la madre de Eli desde su balcón. Tan hermosa es que cuando uno necesita liberar tensiones, sólo tiene que asomarse y relajarse ante tanta generosidad para la vista. Un ambiente relajado y tranquilo rodeó a Elisabeth mientras se preparaba para su gran día. Una espléndida mañana, amenazada por nubarrones intermitentes pero que gracias a Dios sólo hicieron embellecer, aun más si cabe, el cielo de Sevilla. Mientras tanto, el apuesto Raúl, en su casa, también se preparaba y apaciguaba sus nervios como buenamente podía.
La Parroquia de la Virgen de los Desamparados (que hermoso Nombre) en el corazón del humilde barrio del Parque Alcosa fue la encargada de acoger el “sí quiero” y del que todos los que estuvimos presentes fuimos testigos. Un dulce y memorable paseo por los Reales Alcázares pusieron el brillo adicional a la belleza de Eli.
El agradecimiento , que no por recurrente menos sincero a Rosa y Abel por el apoyo imprescindible y a la cobertura auxiliar de Manuel Riejos que fue el encargado de cubrir el reportaje en el banquete. Y la bienvenida y agradecimiento especial a la fotógrafa Isabel Barea por la compañía y apoyo fotográfico que nos concedió ese día y que, si ella quiere, se incorporará de forma regular a este equipo. No quiero terminar este carrusel de agradecimientos sin hacer una mención especial a Raúl, el propio novio, por esa afición fotográfica y por esas bellas fotografías que le hizo en el Álcazar a su, ya hoy, bella mujer.
Con humildad… Manolo Navarro

























































































































