Sin duda, la boda de Jesús y Elisabeth fue un verdadero cuento de hadas; una de esas bodas, en la que la carga emocional cobra personalidad propia.
Podría escribir lo guapísima que iba la madrina, la elegancia con la que se vistió Jesús; la sensibilidad del padrino, lo radiante y bella que iba la guapísima Elisabeth, y la simpatía que todos los invitados derramaban, pero sencillamente quiero callar y dejar que sea el propio documento gráfico el os hable de ello. Un reportaje que quisimos e hicimos absolutamente documental porque sencilla y llanamente así se inmortalizan los cuentos de hadas.
Agradecer el exquisito e imprescindible apoyo auxiliar de Rosa y Abel; éstos que como siempre, sin fallar están a mi lado.
Jesús... Elisabeth... nuestras sinceras felicitaciones.
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